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BAQUEDANO Y DIAMANTE

VIERNES 12 DE MARZO, 2021

El 18 de septiembre de 1928, el entonces presidente Carlos Ibáñez del Campo, fue el invitado especial de la inauguración de una gran estatua de Manuel Baquedano sobre su caballo Diamante en Santiago. ¿La razón? Hacer un homenaje a una de las figuras más importantes durante la guerra del Pacífico (1879-1884). Siendo nombrado Comandante en Jefe del ejército en 1881, llegó a poner disciplina y orden en un mal momento, logrando obtener victorias claves que terminarían con el triunfo chileno. Tras un año en el cargo, retornó a Santiago como un héroe, para luego convertirse en senador y presidente (aunque solo por dos días). Años después, debajo de la estatua, se entierra un cadáver de un soldado muerto en la guerra, creando la tumba del soldado desconocido. Esto, imitando a lo hecho en otros monumentos alrededor del mundo, en donde para conmemorar a los soldados muertos en las guerras, ponen un cadáver de un soldado no reconocido que simboliza al resto de sus compañeros. Al lado de la estatua, se agregaron dos esculturas en tamaño real. Una de una mujer entregando una corona de flores a Baquedano, y otra, de un soldado. Mientras la del soldado fue derribada en 2019, la de la mujer, fue sacada después de eso para que no sufriera los mismos actos de vandalismo. 

En las décadas siguientes, el rápido crecimiento de la ciudad fue convirtiendo al lugar en uno de los más reconocibles de Santiago. Siendo un importante punto de transporte, también se transformó en un lugar donde miles de personas se reunían para celebrar hechos de todo tipo. Desde octubre del 2019, este lugar se convirtió en la llamada “Zona Cero”, momento que partió la discusión para sacar la estatua del lugar. Al intentar ser derribada, cortada y finalmente quemada la semana pasada, el Consejo Nacional de Monumentos decidió sacarla de ahí para restaurarla. Ahora todos nos preguntamos ¿deberá volver a su lugar? Algunos ven a Baquedano como la encarnación del patriotismo chileno por sus éxitos en el campo de batalla y su moderada personalidad, siendo un insulto a la historia moverlo desde donde ha estado más de 90 años. Otros, lo ven como una figura anticuada que no representa a un Chile más actual, además de ser un instrumento para glorificar al ejército.