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EL “SUEÑO AMERICANO”

VIERNES 26 DE MARZO, 2021

El jueves 25, el presidente de Estados Unidos Joe Biden, dio su primera conferencia de prensa desde que asumió el cargo. Rápidamente, los periodistas lo interrogaron sobre la complicada situación existente en la frontera sur del país. Durante su campaña, Biden prometió darle prioridad a la crisis migratoria en ese lugar, enfocando su discurso en deshacer las medidas de Trump, y entregar a todos aquellos que buscaran asilo una oportunidad de vivir en el país. Aunque sonaba muy lindo, no es tan fácil como se pensaba. Angustiados por la profunda pobreza, la corrupción estatal y la pandemia, la inmigración irregular ha llegado a cifras récord. Aunque un porcentaje viene desde México, la gran mayoría viene del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Honduras y Guatemala).

En repetidas ocasiones durante los últimos días, Biden ha insistido en que la frontera se encuentra cerrada por la crisis provocada por la pandemia. El gobierno ha pedido paciencia a los centroamericanos, para lograr poner en marcha un plan que les permita hacer solicitudes de asilo desde su país de origen, y de esta manera, evitar el colapso de la frontera. Si bien esto tiene sentido, las ilusiones creadas por la campaña de Biden a miles de personas que sufren de hambre, violencia y pocas oportunidades, han hecho oídos sordos a estos llamados. En la colapsada frontera, se encuentran familias completas y también cerca de 15,000 niños que buscan asilo de forma individual. A diferencia de Trump, la administración de Biden no está deportando niños que llegan solos, generando un colapso en las instalaciones que crean pésimas condiciones para que los que están adentro. 

A mediados de esta semana, Joe Biden designó a la Vicepresidenta Kamala Harris para controlar y gestionar el flujo migratorio en la frontera. Ella estará a cargo de trabajar con México y los países del Triángulo Norte para buscar soluciones al urgente problema. Así, Kamala Harris enfrenta quizás el desafío más grande de su carrera política, y dependiendo del trabajo que realice, puede convertirse en la heroína o en la mala de la película de un gobierno que recién empieza.