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POLÍTICA

¿QUÉ PASA EN LA ARAUCANÍA?

AGOSTO - SEPTIEMBRE, 2020

PARTE 1: EL ENCUENTRO DE EUROPA Y LOS MAPUCHE

Con la intención de buscar una ruta comercial más rápida para llegar a India, un empresario genovés (hoy Italia) llamado Cristóbal Colón, conseguiría financiamiento de los reyes católicos Isabel y Fernando, para posibilitar la creación de su emprendimiento. En tres pequeños barcos (de más está decir los nombres) zarparía de Europa en agosto y encontraría tierra firme el 12 de octubre de 1492. Costaría varios meses para que Colón & Co se percataran que no era India a donde habían llegado, sino que a un lugar que no estaba en los registros históricos. Así, este humilde emprendimiento se había topado con un botín de insospechadas riquezas, que motivó a miles de europeos a subirse a barcos y buscar suerte en el llamado “nuevo mundo”. Los recién llegados tenían una ventaja brutal sobre los locales: las armas y los caballos, posibilitando que apenas un centenar de personas derribara a un importante imperio como el Azteca. La población local fue esclavizada a través de las encomiendas, siendo forzadas a trabajar para los allegados (a pesar que la propia Reina había insistido que la esclavitud no era permitida). En las décadas siguientes las enfermedades importadas por los europeos liquidaron, según los cálculos más conservadores, al 80% de la población local durante los primeros cien años por falta de anticuerpos necesarios para combatirlas. 

De México, los conquistadores iniciaron su avance hacia el sur. Los pueblos locales, incluyendo el imperio Inca (12 millones de personas), correrían la misma suerte y sucumbirían a las armas y los gérmenes extranjeros. Posteriormente, otros grupos darían con lo que actualmente es Chile. La expansión española hacia el sur se vería truncada al llegar a la altura del río Itata, en donde encontraron una fuerte resistencia que complicó su avance: los mapuche. El talento militar, sumado al complejo territorio (densos bosques y clima extremadamente lluvioso) no permitieron a los españoles subyugar a esta población como se había hecho con las otras. Los avances europeos se vieron frustrados con el alzamiento de la población local en 1598. En la llamada Batalla de Curalaba, los españoles debieron retroceder quedando fijada una frontera en el río Bío-Bío.

Al darse cuenta que agregar el territorio mapuche a la corona no sería rentable (no existían riquezas que lo justificaran) los reyes católicos deciden desistir la conquista del territorio y reconocer la existencia de los mapuche como una tierra independiente. Así, el dominio colonial sobre Chile se extendería por más de dos siglos, tiempo en el cual se desarrollaría un amplio comercio e interacciones entre ambos grupos. Si bien existieron combates y alzamientos en varios momentos, la paz se mantuvo la mayoría del tiempo. Con la invasión de Napoleón a España, se generaría un movimiento político que derivó con la independencia de varias colonias españolas, entre ellas Chile.  Así, la autonomía mapuche sobrepasaría la caída del control imperial, pero ahora, ya no serían los españoles con quien compartirían frontera, sino que con autoridades de un recién creado país que tenía visiones divergentes de cómo seguir la relación con estos grupos.

PARTE 2: FIN DE LA AUTONOMÍA TERRITORIAL

Desde la declaración de independencia de Chile el 12 de febrero de 1818, hasta aproximadamente el 1850, la relación entre el recién creado país y los Mapuche no había variado fundamentalmente. Al igual que durante gran parte de la época colonial, el naciente estado chileno había reconocido la autonomía de estos grupos, estableciendo su frontera física en el río Bío Bío. El status quo imperante sufriría importantes alteraciones durante la segunda mitad del siglo XIX. La república chilena estaba comenzando a integrar su economía a los vaivenes de los mercados internacionales, los que presentaban una creciente demanda de cereales provocada principalmente por la “fiebre del oro” en California y Australia, llevando a productores nacionales a volcarse a su cultivo. Las tierras al sur del Bío Bío ofrecían un suelo fértil para su cosecha, haciendo que gradualmente las personas fueran emigrando hacia ese sector para lucrar en el creciente mercado.  Al mismo tiempo, el estado chileno estaba fomentando la colonización de zonas más al sur de las tierras habitadas por los Mapuche, acorralándolos por ambos polos. 
 

En los años 1851 y 1859, se generaron dos rebeliones en distintas ciudades de Chile, desafiando a las autoridades políticas de Santiago. En la primera los Mapuche, junto a otros grupos minoritarios, apoyaron a los rebeldes. Mientras que en la segunda, un levantamiento generalizado de todas las agrupaciones Mapuche generó que las autoridades del gobierno se replantearan la estrategia mantenida hasta la fecha, decidiendo ocupar militarmente la región. Así, con el nombre de “pacificación de la Araucanía” se inició la ejecución de un plan mediante el cual el ejército chileno se fue adentrando gradualmente dentro del territorio mapuche. Cuando en 1861, un ciudadano francés llegó a la Araucanía para proclamarse Rey de ella, el gobierno redobló sus esfuerzos al temer que algún país europeo podría sumarse al apoyo del personaje. 
 

Durante las siguientes dos décadas, el ejército iría asentando la soberanía estatal a lo largo de aquel territorio. Tropas chilenas se enfrentaron con grupos de Mapuche en sangrientos combates mientras las enfermedades traídas por los soldados le costaron la vida a varias comunidades. Al refundar Villarrica en 1883, se declara el fin del proceso de ocupación de la Araucanía, en donde la restante población Mapuche quedó reducida en un estrecho espacio territorial. Las tierras que debieron abandonar fueron apropiadas en irregulares procesos por empresarios deseosos de lucrar en el mercado internacional. Aunque el estado era consciente de la situación, no logró regular de manera concreta este proceso. De esta manera, el siglo XIX  generaría una alteración a una situación que prácticamente se había mantenido inalterada por casi tres siglos.

PARTE 3: DE REFORMA EN REFORMA

En 1881 el estado chileno da por finalizado su proyecto de “Pacificación de la Araucanía” , cuya idea esencial era permitir que el gobierno central dominara las ricas tierras controladas por los Mapuche. Durante las siguientes décadas, estas tierras fueron rematadas y como consecuencia, las comunidades Mapuche sufrieron un progresivo empobrecimiento. 

Conscientes de esta disrupción social y económica, durante las primeras décadas del siglo XX, el estado comenzó a devolver tierras para moderar el impacto generado dentro de las comunidades. Aunque algunos grupos fueron beneficiados en el proceso, se calcula que de los 10 millones de hectáreas originales, el estado cedió solo 500.000 a los Mapuche.  En 1927, el estado chileno promulga la ley indígena, que pretendía dividir las tierras comunales en parcelas privadas. La expectativa era que si grupos más pequeños de personas tuvieran la propiedad directa de la tierra, incentivaría a que fueran más productivas. Al mismo tiempo, dentro de las comunidades Mapuche, comenzaron a generarse dos corrientes antagónicas: los integracionistas y los divisionistas. Los primeros, sostenían que los Mapuche debían integrarse al estado y veían que las tierras comunales eran el mayor impedimento al desarrollo apoyando la tesis estatal. Mientras los conservacionistas, proponían que los Mapuche históricamente habían vivido en comunidad haciendo impracticable la parcelación de terrenos. Además, era imprescindible para su propia existencia, que mantuvieran sus tradiciones y costumbres.

El tema de la propiedad de la tierra obtuvo una notoria relevancia en la historia de Chile con la llegada de la reforma agraria (1962 – 1973). La concentración de la propiedad de las tierras campesinas, en la mano de un puñado de personas, provocaron que los sectores rurales estuvieran sumidos en una abismante pobreza. Frente al temor causado por la revolución cubana de 1959, Estados Unidos aconsejó al presidente Jorge Alessandri (1958-1964) resolver el tema de la propiedad de la tierra para evitar futuros conflictos sociales. Así, bajo su mandato, se inicia un proceso de redistribución de la tierra que sería popularmente conocido como “reforma macetero”, por sus acotados efectos. Frei Montalva (1964-1970) profundizó considerablemente el ritmo de la reforma, y en paralelo los Mapuche conservacionistas se reunieron en el congreso de Ercilla en 1968, proponiendo la toma violenta de terrenos. 

Durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) utilizando los instrumentos legales promulgados por el anterior gobierno, se propone expropiar todas las tierras que eran de propiedad privada y traspasarlos a la administración estatal. Por otra parte, los propios campesinos empezaron a tomarse por su propia iniciativa los terrenos, generando que en algunos sectores el estado perdiera control del proceso. Con el fin de la democracia en el 1973, el régimen cívico-militar frenó de golpe lo acontecido y retomó la tesis de dar propiedad privada a los comuneros para aumentar la productividad. Además, remató tierras dominadas por el fisco a forestales, junto con ofrecer subsidios con la intención de fomentar el creciente mercado maderero en la economía internacional. Con estas tendencias en marcha, en marzo de 1990 asumiría un nuevo gobierno democrático con varias ideas para enfrentar las tensiones generadas en la zona.

PARTE FINAL: LA DEMOCRACIA ENFRENTA EL CONFLICTO 

En 1993 se aprobó una nueva ley indígena en donde se estableció que las tierras indígenas no podían ser vendidas a personas que no pertenecieran a la etnia dueña del terreno. Además, se creó la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) cuyo propósito era coordinar y ejecutar planes de desarrollo para las múltiples etnias que habitan en el país. En el año 1997 la compañía Endesa construyó una segunda represa en el Alto Bío Bío, zona en donde vivían varias comunidades Pehuenches (grupo que forma parte del pueblo Mapuche). Aunque gran parte de la población aceptó la permuta de tierras ofrecidas por la empresa española, hubo cuatro familias que se opusieron al proyecto por el golpe emocional causado por abandonar sus tierras ancestrales. Finalmente, en el 2003, se suscribió un acuerdo entre las partes en el cual las familias recibieron una compensación económica junto con el compromiso de Endesa de destinar recursos a crear beneficios a aquellos afectados por el proyecto.  

Durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000 – 2006), ocurrió uno de los episodios más violentos en la Araucanía desde el retorno a la democracia. En el 2002, tras una ocupación de tierras en un fundo ubicado en la provincia de Malleco, un joven resultó muerto tras un enfrentamiento con carabineros. La ocupación fue liderada por la Coordinadora Arauco- Malleco, grupo creado en 1998 que proponía recuperar las tierras usurpadas por el estado chileno para crear un estado independiente Mapuche. Ante este accionar, el gobierno la declaró  una organización terrorista y sus dirigentes fueron procesados en juicios que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó.

La madrugada del 4 de enero de 2013, desconocidos ingresaron al terreno del matrimonio Luschinger Mackay en Vilcún. Tras ser repelidos a balazos por el dueño de casa, los atacantes quemaron la propiedad provocando la muerte de la pareja. El Machi Celestino Córdova fue detenido a unos 2 kilómetros del lugar, con una herida de bala, siendo hasta hoy el único condenado por el crimen. Los hechos actuales que ocurren en la zona pasan por los comuneros Mapuche que argumentan el no cumplimiento del convenio 169 de la OIT que establece “deberá darse la preferencia de sanción distintos al encarcelamiento a los miembros de pueblos originarios”. 

La propiedad de la tierra sigue siendo el eje central en el conflicto entre el estado y los Mapuche que se arrastra desde fines del siglo XIX. El reciente surgimiento de grupos que pretenden lograr objetivos por la vía violenta no debe empañar que ha habido una falta del estado no solo con los Mapuche, sino que con los pueblos indígenas en general. Desde 1990, está paralizada en el congreso una ley que reconoce que Chile se compone de diversos grupos étnicos. A pesar de los planes de desarrollo e inversión que todos los gobiernos han lanzado con gloriosos nombres, la región más pobre del país es la Araucanía. Si bien, el 48% de pobreza de 1990 ha sido sostenidamente reducida, 7 de las 10 comunas más pobres siguen estando en la Araucanía. Así, el esfuerzo debe venir de todos. Estado y privados deben mejorar la realidad social. Nosotros debemos estudiar más y conocer mejor nuestra historia.