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ISRAEL Y PALESTINA: SOLUCIÓN IMPOSIBLE

23 DE JULIO, 202O

A principios del siglo XX, la mayoría de la población judía del mundo vivía en Europa. Una creciente discriminación a quienes profesaban esa religión, generó un movimiento político dentro del culto, que proponía crear un estado independiente en las tierras en donde aquella religión había surgido hace más de 3000 años. Conocido como sionismo, el movimiento fomentó el inicio de un proceso migratorio de judíos hacia aquellas zonas, que  en esos tiempos estaban bajo control del Imperio Otomano, y habitadas en su mayoría por árabes. Tras el termino de la primera guerra mundial, aquel imperio dejó de existir, pasando aquella región a ser controlada por el imperio Británico. Los nuevos dueños veían con buenos ojos el plan sionista, prometiéndoles la entrega de tierras para lograr su misión, cosa que evadieron hasta el final de la segunda guerra mundial. El exterminio de seis millones de judíos durante aquel conflicto, fortaleció considerablemente la causa sionista. Además, la guerra provocó que Inglaterra se empezara a desligar de sus colonias, por el alto costo que implicaba mantenerlas. 

La probabilidad de un nuevo estado judío ante el retiro británico, generó tal nivel de tensiones entre árabes y  judíos, que Londres encargó a las Naciones Unidas la difícil tarea de decidir qué hacer una vez que ellos se fueran. Así, la institución propuso un plan para repartir el territorio: una parte iría para los judíos y otra para los palestinos. Mientras los primeros aceptaron, los segundos no. Por esto, cuando el 14 de mayo de 1948 Israel declara su independencia, todos los países que lo rodeaban (Egipto, Jordania, Siria e Irak) le declaran la guerra al nuevo país, no logrando vencerlo. Como resultado, el mapa propuesto por las Naciones Unidas quedaría radicalmente alterado. Palestina terminaría dividida en dos partes, la franja de Gaza (mirando al mediterráneo) ocupada por Egipto y Cisjordania ocupada por Jordania. En la guerra de 1967, Israel expulsó a ambos países, ocupando militarmente los dos territorios, implicando que la población local quedaría bajo control del ejército israelita.   

A fines de los 80, los palestinos comenzaron a rebelarse frente a esta situación, momento desde el cual las potencias occidentales han intentado sin éxito mediar entre ambas partes para lograr la paz.  A principios de este año, Trump, presentó a la opinión pública un nuevo plan con la intención de solucionar el problema. Las polémicas principales eran que Israel pasaría a controlar directamente una región fronteriza que pertenecía Palestina. Otra parte del plan de Trump, era que Israel tendría soberanía sobre sus asentamientos, que son esencialmente edificios residenciales israelíes construidos en Cisjordania, donde viven aproximadamente 600,000 israelitas.  Mientras Palestina rechaza el plan, la comunidad internacional acusa que el estado hebreo no tiene el poder de pasar a controlar un territorio que no es suyo. Aunque en teoría el 1 de julio este plan debería haber empezado, por el momento nada ha pasado, agregando suspenso a lo que podría pasar en esta conflictiva zona del planeta.