SUSCRIBETE

LA DOSIS

CONTACTO

POLÍTICA

LAS GUERRAS DE LA PRIMAVERA ARABE

23 DE ABRIL, 2021

A finales del 2010, un vendedor ambulante de 26 años llamado Mohamed Bouazizi, se prendió fuego en frente de la municipalidad de un pequeño pueblo en Túnez. Protestando porque la policía le había confiscado un carro de frutas, que era su única fuente de ingreso, quedó con casi todo su cuerpo quemado, muriendo algunos días después. Muchas personas se sintieron identificadas con su muerte, siendo interpretada como una crítica directa a la realidad que vivían. Túnez era gobernado por  la misma persona hace más de 23 años, dándole  a sus cercanos un enorme poder político y económico, generando mucha corrupción. También había descontento ya que no habían suficientes trabajos, sobre todo para los menores de 30 años, que formaban gran parte de la población. Así, el funeral de Bouazizi se convirtió en una protesta espontánea que llegaría a todos los rincones del país. Como resultado, el 14 de enero de 2011, la familia presidencial se escapó de su enfurecida población, partiendo de esta manera la Primavera Árabe. 

Lo que llamamos el mundo árabe son aquellos países que están principalmente en Medio Oriente y el norte de África, unidos culturalmente por hablar el mismo idioma: el árabe. Siendo en su mayoría musulmanes, quedaron impresionados por las imágenes que venían de Túnez, ya que muchos tenían problemas similares, queriendo imitar el ejemplo. Así, en Egipto, Siria, Libia, Yemen y Bahrein, masivas protestas sacudieron a gobiernos que por años habían dominado. En esos días, la población árabe creyó haber visto la luz dentro del túnel, esperanzados que estos procesos revolucionarios trajeran cambios que estaban esperando por años. 

Al cumplirse 10 años de estos hechos, el balance fue bastante más doloroso de lo que se hubiera pensado. Particularmente, porque en Siria, Libia y Yemen estallarían guerras que pasado este tiempo han devastado a aquellos lugares, creando enorme sufrimiento. También, estas guerras han demostrado que varias potencias han visto intereses en estos conflictos, dificultando la solución de los problemas. Por esto, te contaremos algunos de los principales hechos ocurridos en la pasada década, en los países que han sufrido guerras por los cambios de la primavera.

SIRIA

Cuando las noticias de la Primavera Árabe llegaron a Siria,  las protestas empezaron a esparcirse por el país en marzo del 2011, por lo que el régimen encabezado por Bashar al Assad decidió dispararle a su población para no perder su poder. ¿El resultado? Para fines de ese año, Siria estaba envuelta en una guerra civil entre el régimen que gobernaba y varios grupos que querían derrocarlo. En los años siguientes, este conflicto se convirtió en una guerra subsidiaria o “proxy”, lo que ocurre cuando dos o más potencias usan a terceros como combatientes, en vez de enfrentarse directamente. De esta manera, Irán decidió apoyar a los Assad, Arabia Saudita (archienemigo de Irán) y Estados Unidos a guerrillas anti-Assad. También, surgieron grupos fanáticos religiosos como ISIS, que lograron expandirse a países vecinos como Irak, llegando a dominar grandes zonas de ese país.

En los años siguientes, el régimen de Assad fue perdiendo territorio frente a tantos enemigos, haciendo creer a los entendidos que sus días al mando de Siria estaban contados. De improvisto, su situación mejoró de golpe gracias a una persona: Vladimir Putin. Desde el 2015, Rusia decidió apoyar masivamente a Assad, pudiendo iniciar una contraofensiva contra sus enemigos que impactó al mundo por su crueldad. Esto involucró bombardear ciudades completas y utilizar gases químicos que asfixiaban a los suyos. Mientras los turcos, asustados en que la guerra llegara a sus fronteras, decidieron mandar a miles de soldados al país, aumentando los actores involucrados.

Hoy, el mapa de Siria sigue dividido entre el gobierno y múltiples grupos apoyados por diversas potencias mundiales. Tras una década, el efecto ha sido catastrófico. Casi 600,000 personas han perdido la vida, 6 millones (alrededor de ⅓ de la población) han sido desplazados dentro del país y más de 5 millones están refugiados en países fronterizos. Un 80% por ciento de la población está bajo la línea de la pobreza y se calcula que la mitad de esta sufre un grave riesgo de inseguridad alimentaria. Por esto, la noticia que el Reino Unido decidió cortar gran parte de su ayuda humanitaria al país preocupa enormemente. Siria depende exclusivamente del mundo, ya que su gobierno ha demostrado que no tiene interés en su propia población. Así, Siria ha sido presa de las garras de varios jugadores externos en la última década, por lo que la solución del tema cada vez depende menos de ellos y más de las potencias y sus intereses.

YEMEN

En 1990, Yemen del Norte y Yemen del Sur se unieron para formar un solo país, dominado por la figura de Ali Abdullah Saleh. En un principio, este país no era para nada fácil de gobernar, ya que es uno de los más pobres de todo el Medio Oriente y está conformado por distintas tribus que luchaban entre ellas (gran parte de la población estaba armada). A pesar de esto, Saleh logró mantenerse en el poder, generando descontentos profundos que gracias a la Primavera Arabe se convirtieron en un gran movimiento de protestas a partir del 2011. Para evitar que el país siguiera la ruta siria, Saleh decidió renunciar, tomando el poder su vicepresidente. El nuevo líder ofreció un plan político en 2014 que proponía dividir el país en seis provincias, generando la ira de varias tribus al norte del país, entre ellas, los Houthi. El descontento y las protestas aumentaron con el anuncio de la subida de precios del petróleo, algo que los Houti aprovecharon para su propio beneficio. Impulsados por la inestabilidad, lograron tomarse la capital Sanaa.

Los sauditas miraban con preocupación la expansión Houthi en su frontera sur. Aparte de ser abiertamente antisauditas, los guerrilleros eran seguidores de la misma rama del islam que los iraníes (archienemigos de los sauditas), sospechando que estaban coludidos. El ex-gobierno de Yemen debió escapar a Arabia Saudita, por lo que aprovecharon de pedirles ayuda para expulsar a los Houthi. Viendo una oportunidad, los sauditas aceptaron la propuesta, formando y liderando una gran coalición apoyada por varios grupos guerrilleros, Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos. De esta manera, en septiembre de 2014 comenzaron bombardeos dentro de Yemen, iniciando así una guerra en el país. La estrategia de los sauditas era destruir el país con bombardeos y cerrar sus vias de comunicación, causando tal caos que la gente dejara de apoyar a sus enemigos. La llegada de Donald Trump al poder estrechó todavía más los lazos con los sauditas, debido a que el expresidente también veía a Irán con gran sospecha. 

Hoy, con un cambio de gobierno en Estados Unidos y debido a un alto costo económico que traen las guerras, la apuesta saudita no logró derrocar y frenar el avance Houthi dentro de Yemen. En el plano interno, siguen las históricas divisiones y enemistades entre las tribus, profundizadas hoy con la guerra de los últimos años. Sin duda los mayores perdedores son los propios yemeníes. El contexto ha provocado una crisis humanitaria gigante que tiene a casi el 80% de la población con la necesidad de algún tipo de asistencia y a 20 millones (más de 2⁄3 de la población) con riesgo de hambruna. 

LIBIA

En 1969 y con apenas 27 años, Muamar Gadafi se tomó el poder, convirtiéndose en el líder de Libia. Durante los años siguientes, se convertiría en un polémico y poderoso personaje, principalmente por controlar las reservas de petróleo más grandes de toda África. Cuando las noticias de los hechos ocurridos en la vecina Túnez (donde inició la primavera) se conocieron en Libia, varios salieron a protestar, decidiendo Gadaffi sacar a su ejército para matar a la población. Lo anterior dio inicio a una guerra civil, involucrando a numerosos grupos guerrilleros unidos frente a un enemigo en común. En octubre de 2011, Gadaffi fue capturado y linchado por la multitud, terminando el conflicto. Tras este hecho, se organizaron elecciones para elegir a un gobierno interino por el espacio de dos años, con el fin de hacer una nueva constitución. Estos nuevos políticos resultaron ser un desastre, siendo incapaces de dar gobernabilidad ni de ofrecer soluciones. La crisis volvió a intensificarse en 2014, cuando al realizarse nuevas elecciones, algunos grupos no reconocieron sus resultados, dividiéndose el gobierno en dos bandos opuestos. Además, un importante militar llamado Khalifa Haftar llamó a la población a alzarse en contra de estos políticos y a apoyarlo a él, ya que se creía más capaz de ofrecer soluciones.

De esta manera, surge una nueva guerra en Libia. A diferencia de la primera, no fue civil, sino que cada vez empezó a asemejarse a una proxy war. Por una parte, las Naciones Unidas reconoció al dividido gobierno como legítimo, pero peleas internas paralizaron su funcionamiento. En paralelo, Haftar y su ejército lograron conquistar cada vez más territorio y eliminar a los distintos grupos guerrilleros, aumentando su popularidad en la población al verse como el único capaz de poner orden. Mientras la Unión Europea en general, las Naciones Unidas, Turquía y Qatar apoyaban al gobierno legítimo, Haftar era apoyado por Rusia, Egipto, Francia, Arabia Saudita y EAU. Estas divisiones digamos que pueden separarse en dos ejes. El mundo occidental en general apoyaban al gobierno libio por sus ideales democráticos. Francia en cambio, prefería a alguien mano dura como Haftar, por la cercanía que tiene Libia a Europa. Los países del mundo árabe que apoyan a Haftar, tienen una línea de pensamiento similar a Francia. Eso sí, todos ven oportunidades de negocios por las enormes reservas petroleras y por eso mantienen tanto interés. 

En octubre de 2020, se declaró un alto al fuego entre el gobierno internacionalmente reconocido y las milicias de Haftar, junto con acordar la realización de elecciones en 2021. El fracaso de las elecciones pasadas no entusiasma a muchos de que será una solución definitiva, pero el mero hecho de que enemigos se sentaran a conversar y llegaran a acuerdos da esperanza a otros.