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POLÍTICA

¡UNA ASPIRINA PARA PUTIN!

VIERNES 5 DE MARZO, 2021

Desde hace unos 10 años, uno de los mayores dolores de cabeza que tiene Vladimir Putin dentro de su país se lo da una persona: Aleksei Navalny. Con 44 años, se ha convertido en una de las principales figuras opositoras a quien ha dominado la política rusa desde el año 2000. Su estrategia, ha consistido en hacer campañas en redes sociales (tiene más de seis millones de seguidores en Youtube y dos millones en Twitter) exponiendo la gran corrupción existente dentro de las altas esferas del poder. Como prácticamente todos los diarios y canales de TV son controlados por el Kremlin (la Casa Blanca rusa), Navalny se ha convertido en el favorito de aquellos que están descontentos con Putin. 

En los últimos años Navalny ha sido acusado de varios delitos, los que se creen que son para impedir que se postule a la presidencia y convertirse en una alternativa a Putin. Por esto, durante los últimos años, el Kremlin ha puesto sus ojos en Navalny. En el mes de agosto del 2020, mientras volvía a Moscú en un avión, comenzó a sentir terribles dolores lo que hizo que aterrizara de emergencia para ser internado. Estando en coma y con ventilador mecánico, sus cercanos aseguraban que había sido envenenado, mientras en el hospital sugerían otras razones. Para poder asegurar una opinión más neutra, Alemania mandó un avión para recogerlo y poder tratarlo, en donde la sospecha del envenenamiento fue confirmada (aunque el Kremlin insiste que no tuvo nada que ver). Tras una impresionante recuperación, Navalny decidió volver a Rusia a principios de este año, siendo arrestado apenas puso un pie de vuelta, al tener prohibida la salida del país por temas judiciales. Esta semana, se confirmó que el activista fue condenado por dos años y medio a la “Colonia Penal 2”. Una de las prisiones más duras de todo el país, que forma parte de una red de casi de 700 colonias de trabajos forzados. Personas que han pasado tiempo en el lugar, han asegurado que la prisión está diseñada de tal manera que te provoca un quiebre psicológico, para de que dejes de hacer lo que estabas haciendo. Si no, la experiencia tiene la intención de lograr que apenas salgas de la cárcel, dejes Rusia. De cualquiera de las dos formas, logran neutralizar al enemigo. Con casi nulo contacto con el exterior, los condenados son obligados a trabajar en trabajos menores durante todo el día (como cocer o cocinar) siendo pagados un pequeño sueldo usado para costear su “estadía” en la cárcel. Así comienza este nuevo capítulo en la relación entre Navalny y Putin, pudiendo tener inesperados efectos en el país.